
Catalina Serrano. Enfermera, Magíster en Salud Pública (c), especialista en diálisis e IAAS, auditora en gestión de calidad, acreditación y seguridad del paciente.
La hemodiálisis es mucho más que una terapia de reemplazo renal. Es una práctica clínica de alta complejidad donde cada detalle importa y cada error puede tener consecuencias irreversibles. Exige dominio técnico y también una comprensión profunda de los riesgos, de los procesos y, sobre todo, de las personas que dependen de ella para seguir viviendo.
Quienes trabajan en unidades de diálisis enfrentan diariamente escenarios clínicos exigentes, dinámicos y muchas veces impredecibles.
No es un entorno donde baste “saber lo básico” o repetir lo aprendido años atrás. Requiere formación permanente, específica y alineada con la realidad asistencial: desde el manejo de infecciones asociadas a la atención de salud y los accesos vasculares, hasta el trato humanizado, la comunicación efectiva y el respeto por los derechos del paciente.
Cada procedimiento cuenta, cada decisión pesa y cada omisión deja huella. Por eso, resulta inevitable preguntarse si la formación posterior al pregrado que reciben los profesionales de la salud está realmente a la altura del nivel de complejidad del entorno en el que se desempeñan.
Durante décadas, la capacitación en salud ha estado marcada por modelos generales, centrados en el cumplimiento de contenidos normativos y en la cobertura teórica. Sin embargo, en áreas críticas como la hemodiálisis, la capacitación genérica demuestra rápidamente sus límites.
El conocimiento teórico, sin aplicación práctica, no garantiza seguridad. Saber qué hacer no siempre significa saber cómo actuar cuando el contexto exige respuestas inmediatas. La capacitación descontextualizada se convierte, así, en un mero trámite, pero no en una vía de mejora real.
Para avanzar en la formación clínica especializada se debe producir un cambio de paradigma, en donde la capacitación no sea solo una formalidad administrativa, sino una estrategia de aseguramiento donde las organizaciones reconozcan la formación continua como una responsabilidad institucional, planificando programas de formación basados en competencias reales, construidos a partir de la práctica habitual, reflejas en una normativa actualizada y centradas en garantizar la seguridad del paciente como eje de la calidad asistencial.
Formar bien no es un lujo, es una necesidad clínica.
Apoyar la formación específica, especializada y aplicada es avanzar hacia sistemas de salud más seguros, más eficientes y verdaderamente centrados en las personas, porque formar bien en hemodiálisis no es una opción, es una forma concreta de cuidar.
Catalina Serrano
Experta Clínica y Directora de Programas Formativos en Salud
OTEC Tutoring
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